Un hotel para disfrutar del glamour de la capital andaluza

–Todo era bello, en aquel silencio y soledad, que se me saltaban las lágrimas de admiración y de ternura. Ocnos / Luis Cernuda

Sevilla al compás del Colón

Sevilla invita a pasear. Desde el Gran Meliá Colón, en la calle Canale­jas nº 1, todo el cen­tro histórico sevil­lano está a un paseo de dis­tan­cia. Esto per­mite hacer pequeñas sal­i­das, acer­carse a un museo, tomar unas tapas, vis­i­tar la cat­e­dral, prac­ticar shop­ping o tomar un baño árabe y volver al acoge­dor hotel en pocos minuto.

El nuevo Gran Meliá Colón es pat­ri­mo­nio de la ciu­dad de Sevilla. Tras una impor­tante reforma y actu­al­ización, la arqui­tec­tura de la “Belle Epoque” se funde con el más puro sabor andaluz, un dis­eño inte­rior de van­guardia y el con­fort de un hotel de gran lujo en corazón de la cap­i­tal andaluza.

El hotel es el icono de un nuevo con­cepto del lujo hotelero en el siglo XXI. El Colón sevil­lano reabrió sus puer­tas en la pri­mav­era de 2008 tras una impor­tante remod­elación, en la que se tuvo espe­cial cuidado en guardar el mejor equi­lib­rio entre mod­ernidad y tradi­ción. La cadena Meliá ha inver­tido mas de 40 mil­lones de euros en la reforma de uno de los hote­les mas emblemáti­cos de España inau­gu­rado en 1929 con motivo de la Exposi­ción Universal.

A lo largo de su his­to­ria, el Colón, se ha con­ver­tido en una marca de Sevilla con numerosos clientes incondi­cionales. El reto en su reaper­tura era man­tener intacto el car­iño y el amor que los sevil­lanos le han man­i­fes­tado durante su his­to­ria. El alma del Colón ha per­manecido intacta, un hotel de lujo, de gran empaque, en el corazón de la ciu­dad y que acoge a los mas impor­tantes hués­pedes de Sevilla. Es el hotel de los que tri­un­fan en la Maes­tranza, toreros como el sevil­lano Manuel Jesús El Cid, Julián López El Juli o Enrique Ponce y sus cuadrillas han vuelto tras la reforma para vivir en él las horas pre­vias a sus faenas.

El nuevo Colón con­serva la fachada, las escali­natas y el már­mol, así como la emblemática cúpula del 29, además de numerosos emplea­dos de la ante­rior etapa que ayu­dan a los nuevos tra­ba­jadores a adquirir ese saber hacer de otros tiem­pos en la aten­ción al cliente. Esta sim­bio­sis del per­sonal de antes con las nuevas incor­po­ra­ciones, es un fac­tor mas en ese equi­lib­rio que ofrece el hotel renovado.

Vivir Sevilla alo­ja­dos en él con­sigue ser una expe­ri­en­cia sin­gu­lar para sus clientes, que dis­fru­tan de una nueva man­era de enten­der el lujo. Supone una lla­mada de aten­ción para todos los sen­ti­dos, olores de Aza­har que se alter­nan con los de una cava de puros depen­di­endo de la hora, una cuidada selec­ción de música que evolu­ciona durante la jor­nada, recep­ción per­son­al­izada en la que el cliente hace sus trámites sen­tado, y así una larga lista de detalles exclusivos.

El arte español se hace el encon­tradizo con el vis­i­tante que cae en la tentación de perderse por los pasil­los que con­ducen a las habita­ciones. Es fácil encon­trar­los por las difer­entes plan­tas pase­ando como si pasearan por las salas de un museo. Las puer­tas de las habita­ciones son cuadros de la mejor pin­tura española. Así la sép­tima planta está ded­i­cada a Goya, la sexta al Greco, la quinta a Velázquez, con una buena rep­re­sentación de la Escuela Sevil­lana en el resto del edificio.

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